Preconceptos y nuevas ideas afrolatinas

No es un secreto que lo primero que pensamos, como sociedad latina, cuando nos piden alguna referencia sobre la raza africana es en palabras como racismo, esclavitud, pobreza, violencia.

Después, cuando nos damos la oportunidad de pensar un poco más allá, caemos en cuenta de la naturaleza, de los safaris, de los animales salvajes y el color que caracteriza esa raza alegre y fuerte. 

Y tampoco es un secreto que los latinos, al igual que los africanos, también hemos aprendido a vivir superándonos a nosotros mismos, a ser felices en medio de situaciones difíciles y que duran mucho en el tiempo, a sobrevivir.

Pero ya es hora de que lo hagamos desde una nueva posición: la de entender que venimos de una cultura muy rica y diversa, pero que suele ser cargada de estigmas, estereotipos y mitos. No podemos amar y cuidar aquello que no reconocemos, aquello que no sentimos como parte de nosotros.

Por eso, lo primero que pensamos desde el eurocentrismo cuando hablamos de África son un montón de estigmas, y lo hacemos desde los prejuicios que se nos han inculcado con la historia tradicional que conocemos. 

El profesor Maguemati Wabgou, doctor en Sociología y Ciencias Políticas, hace un recorrido antropológico sobre esas ideas preconcebidas y generalizadas que se suelen tener de África, y también un análisis de eso que nos corresponde asumir como propio a la sociedad latina.

Estereotipos que tenemos de África

África, estática y retrógrada: la subregión africana es considerada como incapaz de organizarse política y económicamente por falta de capacidades y de cultura política: se detesta a todas las prácticas políticas, al ser consideradas obsoletas y retrógradas.

África negra como corazón de las tinieblas: esta idea preconcebida echa sus raíces en la época pre-colonial y colonial del África en general, cuando los exploradores europeos llegaron al continente con el fin de descubrir las riquezas minerales y los recursos fluviales que posee sin la posibilidad de afianzar las riquezas culturales de los pueblos que terminaban despreciando, calificándolos de “salvaje” o “salvajismo”; esto es, al ser incapaces de reconocer su incapacidad de aprehenderlos.

África es presentada como un lugar de caos y miseria: esto ocurre por tres factores: el primero, la pervivencia de un determinado imaginario sobre el continente, construido a partir de los relatos de los grandes exploradores del siglo XIX, la literatura colonial, el pensamiento occidental […] y las obras de ficción que utilizan el continente como un mero decorado.

El segundo, las propias limitaciones de los medios de comunicación en la tarea de reducción de la complejidad y el sometimiento, sobre todo de los medios audiovisuales, al espectáculo y, por consiguiente, al drama y a los hechos violentos.

El tercero, el peso del eurocentrismo en la percepción de otras sociedades que discuten o no acatan la progresión lineal del desarrollo”.

La imagen de África reducida a imágenes horrorosas. Cuando se habla de África, se da una imagen oscura, negra y triste. Se habla de ella sacando guerras, hambre y conflictos.

Es una visión unitaria y simplificada de las diversas realidades africanas. Reivindicamos que, cuando se hable de estos fenómenos, se explique por lo menos, las causa que los motivan.

África es reducida a la despreciada tradición oral: se concibe todavía la oralidad, desde el eurocentrismo, como una limitación a acceder a la Ciencia.

En general, las sociedades tradicionales negroafricanas son caracterizadas por una cultura oral o una oralidad primaria, es decir, sociedades que desconocían todo y cualquier tipo de escritura. Así las cosas, Occidente considera que no puede haber conocimiento sin escritura, de hecho, África es un continente sin conocimiento.

No pueden entender la existencia de formas construcción del conocimiento, distintas de la occidental, tal como la ORALITURA.

África negra es asociada al “tribalismo”: para occidente todas las formas de organización socio-políticas tradicionales son expresiones de tribalismo: considera los grupos étnicos como “tribus”; es decir, como grupo reducido y cerrado de personas con ciertas características sociales y culturales comunes y que comparten el mismo territorio.

No se toma en cuenta que existe una evolución social en África subsahariana que implicó que esta organización “tribal” de la época pre-capitalista dio lugar a la emergencia de grupos étnicos (conjunto de individuos y colectividades con carácter abierto que comparten semejanzas culturales –lingüísticas, religiosas, artísticas y filosóficas-; aquí, la identidad territorial no es determinante).

África como un continente infestado por el SIDA

Se suele partir de estadísticas inciertas para definir el número de personas afectadas por el sida o VIH para demostrar que la mayor parte del total de muertes por sida en el mundo ocurre en África.

Así, para explicar la causa de la baja esperanza de vida en África, se exhibe el Sida como la causa principal, desconociendo la malaria, la malnutrición, la falta de sistemas adecuados de atención a las personas afectadas, el sistema de salud público, entre otros.

África, donde triunfa el oscurantismo. África ostenta comportamientos oscurantistas y aberrantes, basados en prácticas folclóricas y religiosas.

Sobre el África subsahariana se divulgan informaciones relacionadas a los ritos ancestrales degradantes y derivadas de las religiones tradicionales africanas (RTA) y asociadas con el vudú, la magia “negra”, el miedo, la superchería, la antropofagia, las muertes rituales, entre otros.

Y el África del Norte se asocia al islamismo radical que genera e impulsa lógicas, dinámicas y estrategias de toma de rehenes europeos o secuestros de hombres y mujeres “blancos/as”; todo ello, con el afán de demostrar “el choque de civilizaciones” ejemplificado por la oposición innegable entre la religión musulmana y cristiana.

 

Lo que nos corresponde asumir como afrolatinos (así no seamos negros somos, todos, afrolatinos)

Y bueno, el título es claro. Tomos somos afrolatinos porque todo empezó allá, en esas tierras africanas, marcadas por grandes civilizaciones, ilustres reyes, jefes, líderes y lideresas, igual que sus majestuosos saberes y sabidurías ancestrales. Lo que contrasta con

las representaciones de los estereotipos, tanto los generales como los nacionales y los locales, aparecen en la iconografía, grabados, fotografías, cine, caricatura, literatura, en los libros de viajeros y desde luego, en los estudios de costumbres y tradiciones.

De igual forma, las comunidades afro y negras suelen padecer los efectos perversos de los imaginarios que se han construido, elaborado e instalado alrededor de sus integrantes, y que contemplan una forma negativa y disgregadora de abordar la alteridad o la otredad afro.

A partir de estos imaginarios, se sustenta la denominación del “Otro” con conciencia afro, a través de calificativos, sesgos, clichés, estereotipos y arquetipos que suelen ser reduccionistas y ofensivas ya que describen a las personas afros y negras como “perezosas”, “pobres”, “violentas” por su naturaleza y cultura, “atrasadas”, políticamente “desorganizadas” y “corruptas”, sexualmente “fogosa”, etc.

Mientras tanto, todos deberíamos asumir un poco más esos estereotipos y hacernos responsables de cambiarlos, de transformar la realidad, el lenguaje, resignificar y reescribir la historia. 

 

Se reivindica al continente africano al autoidentificarse o autoafirmarse como personas negras descendientes de los esclavizados arrancados de África a América Latina, El Caribe España y Portugal.

Pero en plena era de la globalización y migraciones contemporáneas, este mundo afro engloba también a los inmigrantes africanos y sus descendientes que se han establecido en estas zonas geográficas como lugares de destino.

¿Ven que todo esta relacionado y que todos somos uno? Al final, todos los latinos llevamos en nuestro ADN un poco de África.

¿Por qué no empezar asentirnos orgullosos de eso, como una forma de resistencia?

Y entonces, los pueblos con ascendencia africana no tienen otra opción que la de resistir mediante la búsqueda constante de consolidación de su identidad política y étnico-racial con el fin de ampliar el marco desde donde se piensa actualmente la historia negra.

Siguiendo los pasos de sus antepasados que han luchado contra la esclavización y el colonialismo, la gente negra y afro en Iberoamérica debe seguir resistiendo y luchando contra las vulneraciones de sus derechos a través de las estereotipias y los imaginarios imperantes tanto en distintas esferas de la cotidianeidad como en los medios de comunicación.

Interesante ver cómo afectamos la historia según la forma en la que la contamos, ¿no?

*Los apartes en cursiva son extractos del texto Imaginarios sobre África, sus poblaciones y sus descendientes en Iberoamérica, del profesor Maguemati Wabgou, doctor en Sociología y Ciencias Políticas. Para conocer el texto original y completo puedes hacer click aquí.

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